viernes, 23 de julio de 2010

Celebrando la vida



Queridos aliados de travesía:

Hoy, en la “tierra del sol naciente”, he redescubierto algunas verdades que me comprometen con renacer también todos los días de mi vida, celebrando el ciclo perfecto.

Una es que la vida real comienza en el momento en el que decides vivir por el presente, y desde el presente. Que cuando decides anclar tus días en una historia pasada, dejas de vivirlos realmente, y sin darte cuenta agotas cupones que no volverás a recibir. Pero también que si decides vivir tu historia desde el futuro añorado, dejas de darte cuenta de que ese futuro soñado ya llegó, es tu presente, pera quizá ya no lo ves, pues en el camino la perspectiva se transforma, se obnubila, se confunde entre demandas de algo o alguien que termina conduciendo tu presente hacia un lugar al que es muy difícil llegar, porque está alejándose al mismo ritmo que andamos sus caminos.

La segunda, es que nada es tan lejos ni tan cerca como parece, que la diferencia en la perspectiva está determinada sólo por el lente que hemos decidido usar para proyectar ese mismo presente.

La tercera es quizá la más poderosa. El reencuentro conmigo mismo inevitablemente me lleva a reencontrarme con mucha gente que amo y admiro. Es estar solo sin estarlo, caminar las calles, visitar los templos, admirar la diversidad, en un silencio peregrino que aclama un nombre tras otro, en un festivo ritual de agradecimiento.

Hoy, cuando celebro que mis padres decidieron brindarme un soplo de aliento divino para andar estas tierras, también celebro mi presente, prospero, sano y alegre, y asumo desde el agradecimiento que comienzo a multiplicar, no a acumular. Por eso este nuevo espacio, para reencontrarme con quienes en el andar me sonríen, me confían su mano, abrazan mi camino y me permiten abrazar el suyo...