domingo, 2 de septiembre de 2012

Planta Nuestra

Muros, rejas y cadenas forman parte de nuestra escena diaria, inclusive son noticia habitualmente. Así, el retén "La Planta" ha ocupado grandes titulares y gran parte del centimetraje de la prensa venezolana durante los últimos días.

Esta "planta" de la que nos hablan no es como aquella que se siembra con la visión incorruptible de cosechar buenos frutos para el disfrute de la comunidad, sino por el contrario, una que expone una increíble variedad de especies de armas y vicios, entre otros frutos.

He allí el gran drama de nuestros sistemas penitenciarios: los centros de reclusión lejos de ser concebidos como campos para la formación de nuevos ciudadanos útiles para su comunidad, son diseñados y abordados como depósitos de seres en los que nadie cree, en los que pocos son capaces de invertir abono alguno, ya sea para el alma, ya para la mente, ya para el cuerpo.

Es que en efecto, no es tan sencillo, pues no terminamos de darnos cuenta de quiénes son los presos; del lado afuera del retén hay otros tantos, que quizá somos mayoría. Ciudadanos que, como usted y como yo, vivimos con muros, rejas, puertas, portones, cadenas, candados y alarmas, entre unos y otros, creyendo que "La Planta" me queda lejos, que no me afecta, que son otros los involucrados; que hay muchos "muros, rejas, cercos, puertas, portones, cadenas, candados y alarmas" entre quienes padecen la realidad que reseñan los medios y las nuestras.

"La Planta" servirá de algo si la experiencia abona una nueva tierra penitenciaria en la que todos nos involucramos desde nuestra realidad, de lo contrario, sin mucho esfuerzo, su especie continuará reproduciéndose como el molestoso monte que no queremos ver, pero que irremediablemente crece, invade y se multiplica.

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