Hoy pocos se atreven a poner en duda que la democracia sea el sistema de gobierno y de organización ciudadana ideal. Asociada a términos como justicia, equidad e igualdad, es entendida como el medio más apropiado para garantizar el desarrollo y la gobernabilidad de los pueblos. Sin embargo, como todo sistema humano, también la democracia tiene sus grandes desafíos, sus contradicciones y precariedades.
"Que la mayoría decida", es concebida entonces como la más democrática de las declaraciones que surgen cuando en cualquier grupo humano nos enfrentamos a la necesidad de lograr un acuerdo ante diferentes posturas y opiniones. Verdad y trampa a la vez. El concepto de democracia no se limita a la elección de las mayorías; incluye el reconocimiento de las minorías.
De allí que celebres ambiciones como la de "ser la voz de los que no tienen voz", se reproduzcan con tanta facilidad en democracias que suele golpear los intereses de sus minorías.
Ideal, es una democracia en la que esa mayoría decida garantizar el respeto a los derechos, espacios y libertades de todos, al menos desde la conciencia de que la alternabilidad en el poder, en algún momento, me puede llevar al lado de los pocos.
Entendidos los regímenes autoritarios como sistemas en los que una sola voz fija pautas de conducta para su estricto cumplimiento, quizá podemos tener "Democracias Dictatoriales". Aquellas en las que sólo se gobierna para beneficio de mayorías excluyentes.
Lo paradójico es que todos en algún área de nuestra vida formamos parte de una comunidad que es vulnerable minoría, que puede resultar desatendida, subestimada o ignorada; sin darnos cuenta de que ese punto en común siempre puede convertirnos en poderosa mayoría.
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