jueves, 20 de septiembre de 2012

Querer hacerlo

Con facilidad lograr la participación recae como desafiante y pesada responsabilidad sobre los hombros de los líderes. Inclusive, por ejemplo, más allá de las coyunturas electorales, el número de personas involucradas en cualquier proyecto determina el éxito del mismo, al menos desde la mirada comunicacional.

Sin embargo, de nada sirve "poder hacerlo", que existan legalmente y en la práctica los mecanismos necesarios para participar; ni "saber hacerlo", que la gente sepa que existen tales mecanismos y cómo utilizarlos; sin un tercer fundamento, vital para que la participación ciudadana se dé como fenómeno: "querer hacerlo".

En los últimos años lograr ese "querer", ese deseo voluntario e individual de sumarse a un proyecto en particular, ha estado asociado a lo que se ha llamado: el "Marketing Emocional" que, ya sea para asuntos propagandísticos o publicitarios, procura sembrar en la gente las ganas de participar, ya sea con una compra, ya sea como miembro de un proyecto, ya sea con un voto.

Esa motivación de la que hablamos puede venir de diferentes fuentes. Para algunos nace desde el mismo seno de la comunidad. Es el caso de grupos sociales que culturalmente conservan y promueven patrones de participación; toman las decisiones conjuntamente, se reúnen periódicamente, y valoran la oportunidad de formar parte de los cambios. Para otros, la motivación debe venir desde un tercero, un líder que estimule con sus mensajes y la carga emocional de estos, una conducta específica.

La pasión por mejorar las condiciones de vida en nuestros países, debe nacer en el interior de cada ciudadano responsable, cuyo sentido de pertenencia determina sus pensamientos, emociones y acciones para el resguardo de su patrimonio.

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