domingo, 2 de septiembre de 2012

Ser Modelo

Quizá entre los más anhelados de nuestros sueños, de esos que emocionan y hacen sonreír mientras duermen a quienes son sus voluntarios protagonistas, está ser modelo.

Nuestro país, cuyo nombre hoy suena a elegante miss de larga cola: Venezuela, tiene una amplísima cultura de culto a la belleza que nos hace sentir aún más orgullosos de nuestro gentilicio. Nuestras niñas sueñan con ser misses, y cada vez más jóvenes deciden incorporar en sus quehaceres hábitos propios de un modelo en otras latitudes.

¡Qué gran ambición! Desear que todos te vean, y más allá, que te admiren, que hablen de ti, de cuán bien te vez. Pero la realidad y sus circunstancias, son complejas; mientras algunos deseándolo con todas sus fuerzas no descubren el valor de ser modelo, otros, sin quererlo conscientemente, de manera temprana son objeto de miradas que aplauden.

Tal es el caso de miles de jóvenes que alrededor del país forman parte de los Modelos de Naciones Unidas, venezolanos y venezolanas que nos muestran otra forma de ser y hacer modelos, a través de la réplica de prácticas de un organismo global en el que el entendimiento mutuo mantiene en un mismo terreno a los más fervientes contrarios. Tal es el caso de modelos de pasarela que son excelente ejemplo de disciplina, enfoque y profesionalismo.

Tal es el caso de niños y niñas que formando parte del Sistema de Orquestas Juveniles de Venezuela, se erigen como modelos de disciplina, constancia y búsqueda de la armonía en sus más cercanas salas de conciertos: su habitación, la sala o cocina de su casa, espacio cualquiera en el que alguien se detenga a escucharles. Entonces, el ser modelo deja de ser una ambición y se transforma la más grande responsabilidad, de esas que quitan el sueño; de esas que alimentan los sueños.

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